Manuel Mije

Web Personal

Fantasía


Dramatis Personae

Hay personas tan afectas a la razón y atadas a la realidad que creen que nosotros, los dramatis personae, los arquetipos que damos sustancia a las historias con nuestro paso por ellas, somos simplemente eso, fantasías, elucubraciones sin un sustrato físico, quimeras. Otros, sin embargo, dotados de una imaginación más fértil y capaces de soñar despiertos, piensan que somos entidades vivas, aunque irreales, que pasamos nuestra existencia saltando de historia en historia, viviendo multitud de vidas y renaciendo en nosotros mismos a cada relato que protagonizamos; inmortales ajenos a las penurias del ser, a sus miedos y su problemática. Ni unos ni otros conocen la verdad y, aunque sea cierto que nuestra esencia es fantástica y no física, aunque pasemos nuestras vidas saltando de historia en historia y renaciendo con ello, aun así no dejamos de ser entes vivos que, como tales, tenemos que luchar por nuestra existencia. Estamos tan atados a los caprichos del destino como cualquier otro, y siempre temiendo la llegada del silencio, ese que nos puede relegar al olvido y por ende a la muerte. No, no somos inmortales; al menos la mayoría no lo es, si bien existen casos señeros en los que se alcanza ese estado. No todos podemos ser un Quijote, un Raskolnikov, un Billy Pilgrim o un Henry Wotton que, a fuerza de ser evocados una y otra vez, se eternizan en la memoria de las personas a lo largo de los siglos, alcanzando así la inmortalidad. La realidad suele ser otra muy distinta, una realidad dura y secreta que, aquí y ahora, me veo en la necesidad de desvelar, no en busca de piedad o lástima, sino simplemente de comprensión.

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La Consulta del Doctor Perring

Bitácora literaria de Manuel Mije


Nuevo relato en La Consulta, en este caso el micro con el que he quedado finalista en un certamen fallado hace poco; espero que guste....


Fue la materialización de una quimera, el paso a la realidad de una vieja fantasía de la humanidad: poder conocer con antelación el momento exacto de la muerte de una persona. Por supuesto los datos técnicos del invento, abstruso párrafo científico sólo abordable por las mentes más privilegiadas del planeta, nunca fue hecho público, pero su fiabilidad y certeza estaba avalada por demasiadas reputaciones como para ser puesta en tela de juicio;


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