Manuel Mije

Web Personal

Ciencia Ficción


La casa de Dios

Era maravillosa, una esfera negra, absolutamente irreflectante, de algo más de medio metro de diámetro, perfecta hasta escala microscópica, y extremadamente sólida, capaz de soportar el vacío estelar, la abrasión atmosférica, una colisión a velocidades hipersónicas y una presión de cientos de atmósferas sin presentar una sola marca, un sólo rasguño. Su composición química y su estructura, por otro lado, eran un absoluto misterio, pues el material del que estaba hecha, aparte de ser totalmente desconocido, era impermeable a todo tipo de sondeo, se ocultaba tras un velo que ningún procedimiento de análisis era capaz de traspasar.

Seguir leyendo...


Asuntos de familia

—A mí siempre me pareció un tipo sospechoso, desde que lo vi por primera vez. —Se llama Anton Fermick y tiene treinta y ocho años. Es casero, gracias a la generosa herencia que su solterona tía le dejó en forma de edificio de apartamentos. Animal sucio y repugnante, intelectualmente idiota—. Yo es que tengo un sexto sentido para estas cosas, ¿sabe? —se limpia las boqueras con los dedos, sin ningún pudor, regodeándose incluso—. Es lo que trae el tratar con multitud de personas diferentes a lo largo de los años. —La sucia camiseta apenas le da para taparse hasta el ombligo, tiene marcas de sudor en axilas e ingles, y tanto su cara como su calva brillan grasientas bajo la luz de los fluorescentes—. Dígame, ¿es un asesino de esos múltiples? ¿Quizá un terrorista? No, supongo que no me lo puede contar, ¿verdad? No se preocupe, no hace falta. —Aún es peor cuando se mueve y airea ese tufo como a pringue macerada con orina que lo rodea—.

Seguir leyendo...


Cambio de soporte

Allí estaba, frente a él, la mujer perfecta. Y no cabían discusiones de ningún tipo con aquellas curvas de piel tostada y brillante, con aquellos labios voluptuosos, intensamente encarnados, y aquellos ojos felinos. Lo único que podía mejorar la situación era que fueran varias, quizá gemelas… Sí, gemelas. Las dos mujeres avanzaron hacia él y empezaron a acariciarlo, de pronto impregnados los tres en una especie de aceite de aroma embriagador.

Seguir leyendo...


La Consulta del Doctor Perring

Bitácora literaria de Manuel Mije


Nuevo relato en La Consulta, en este caso el micro con el que he quedado finalista en un certamen fallado hace poco; espero que guste....


Fue la materialización de una quimera, el paso a la realidad de una vieja fantasía de la humanidad: poder conocer con antelación el momento exacto de la muerte de una persona. Por supuesto los datos técnicos del invento, abstruso párrafo científico sólo abordable por las mentes más privilegiadas del planeta, nunca fue hecho público, pero su fiabilidad y certeza estaba avalada por demasiadas reputaciones como para ser puesta en tela de juicio;


Seguir leyendo...